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Cómo construir una cultura de paz en la Iglesia

Nuestra capacitación está ideada para equipar a la iglesia local para ayudar a las personas que experimentan conflictos. Entender tanto la razón para encarar el conflicto a través de la iglesia y el fundamento de la pacificación es el punto de partida para equiparlo a usted como Coach en Conflictos o mediador.

Al iniciar este viaje para equiparse para ayudar a personas que están experimentando conflictos, hay dos preguntas fundamentales a considerar.

¿Por qué la iglesia es el foro para la pacificación?

La pacificación es un ministerio esencial de la iglesia local. Los cristianos son alentados a resolver conflictos en sus vidas dentro de la familia de su iglesia (Mateo 18:17; 1 Corintios 6:4; Efesios 3:10; Hebreos 13:17). La iglesia cumple con este ministerio cuando tiene personas equipadas para abordar los conflictos que despedazan muchas iglesias, familias, matrimonios y organizaciones.

Al participar la iglesia en este ministerio, construye una cultura de paz dentro de su cuerpo. La cultura del mundo está en guerra con una cultura de paz. Dios en su Palabra nos llama a la paz. Específicamente, el testimonio de la presencia y el amor de Dios por el mundo depende de que el pueblo de Dios viva en unidad:

“Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí” (Juan 17:23).

Como creyentes, vivimos en una realidad de dos culturas contrapuestas: una “cultura mundana” y una “cultura de paz”.

El mundo alienta a las personas a relacionarse entre así de acuerdo con deseos egoístas y hábitos mundanos, especialmente en medio del conflicto (Isaías 3:12; 1 Corintios 3:1-3; 6:1-8, Efesios 2:1-3; Santiago 3:14-16).

Una cultura de paz basada en la Palabra de Dios inspira a los creyentes a amar a Dios con todo su corazón y los lleva a amar a sus prójimos como a ellos mismos, aun en medio del conflicto (Marcos 12:29-31; Juan 13:34-35; Lucas 6:27-36; Colosenses 3:12-15; Santiago 3:17-18).

Una cultura de paz produce muchas bendiciones

Una cultura de paz contrarresta la influencia de una cultura mundana y produce muchas bendiciones:

Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz… para edificar el cuerpo de Cristo. De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe... Así ya no seremos... zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza... Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo (Efesios 4:3, 12-15).

El fruto de la justicia se siembra en paz para los que hacen la paz (Santiago 3:18).


Cuando la cultura de la iglesia comienza a cambiar:

  • Los miembros resuelven la mayoría de los conflictos personalmente y en forma privada, liberando a los pastores del “ciclo de quejas”
  • Los matrimonios, las amistades y demás relaciones son fortalecidos y preservados, produciendo menos divorcios y una menor rotación de miembros, personal y voluntarios
  • Los conflictos se convierten en oportunidades para que las personas sean liberadas del pecado y maduren en fe y carácter
  • Los ministerios y las misiones están más unidos y son más fructíferos; y
  • La paz y la reconciliación se convierten en sellos de su iglesia, glorificando a Jesucristo, mejorando su testimonio y estimulando el crecimiento de la iglesia.

Su papel en la construcción de esta cultura de paz

El mundo nunca se da por vencido. Se opone constantemente a una cultura de paz y busca continuamente entrampar y descarriar a los creyentes. Por lo tanto, construir una cultura de paz es un ministerio de discipulado continuo, y no un programa de una sola vez (Hechos 20:29-31; 1 Juan 2:15-17, 26). Este ministerio de discipulado continuo incluye:

  • Inspirar un compromiso con la pacificación mediante el pastor y el liderazgo local
  • Enseñar a todos los miembros los principios de la pacificación y cómo aplicar estos principios cada día en sus vidas a través del Estudio en el Grupo Pequeño; y
  • Implantar la pacificación dentro del cuerpo de creyentes local, lo cual ocurre mediante un Equipo de Pacificación a lo largo del tiempo. El equipo es un grupo de personas consecuentes y dispuestas que enseñan regularmente, están disponibles para ejemplificar la pacificación, guían a otros mediante la pacificación y se convierten en “custodios de la llama” de la pacificación dentro de la iglesia.

¿Cuál es el fundamento de la pacificación?

Dios brindó el fundamento para la pacificación en el evangelio de Jesucristo, mediante el arrepentimiento, la confesión y el perdón.

El evangelio

Las personas en conflicto necesitan el evangelio. Los creyentes necesitan ser recordados del evangelio como un rico aliento en la lucha continua con el pecado. Los que no son creyentes necesitan escuchar el evangelio como una invitación a la fe en el único Salvador que recibió el castigo por nuestros pecados para que pudiésemos ser justos a los ojos de Dios.

Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte (Romanos 8:1-2).

Muchas personas que reciben ayuda a través de la conciliación cristiana tal vez no conozcan personalmente a Jesucristo como su Señor y Salvador. Muchos creyentes que experimentan conflicto andan en desobediencia a la Palabra de Dios. En un caso u otro, tanto los creyentes como los no creyentes son pecadores, y necesitan la verdad, la consolación y el aliento del evangelio.

¿Cómo compartimos el evangelio con personas que están luchando con el dolor del conflicto? Tenemos que conocer los “hechos” del evangelio antes que podamos guiar a alguien al evangelio (“confrontar”) o consolar a alguien con el evangelio.

Conocer el evangelio y conocerlo personalmente

Conocer la historia de la obra redentora de Dios en la historia de la humanidad es el “marco” dentro del cual el mensaje de la salvación está pintado. Históricamente, los humanos fueron creados por Dios, a su propia imagen, para los buenos propósitos de Dios. Pero el mal existía en la forma de Satanás, y la gloriosa creación divina cayó en pecado y experimentó la pérdida de la unión plena con el Santo Creador. Como resultado del amor de Dios, nuestro Padre en el cielo tuvo un plan para rescatar a la humanidad perdida y restaurarla a una relación con Él.

Para compartir el evangelio con los demás, debemos conocer las verdades básicas:

  • Creación – Dios creó a los humanos a su propia imagen y para su gloria. A los humanos se les dio el mandato de “dominar la tierra” y se les ordenó obedecer las instrucciones de Dios.
  • Caída – Al hacer lo que estaba prohibido, la humanidad perdió su relación impoluta con el Dios Santo, convirtiéndose en pecadores. El castigo del pecado es la muerte eterna y la separación de Dios.
  • Redención – Como resultado del gran amor de Dios, envió a su Hijo sin pecado, Jesucristo, para ser el pago por el pecado. A través de la vida perfecta de Jesús, su muerte en una cruz y su resurrección, quienes creen en Él asumen como propia la justicia de Cristo, quien asume el pecado y el castigo de ellos. Mediante la fe en Cristo, las personas reciben el don de la vida eterna.
  • Restauración – Cristo viene otra vez y restaurará toda la creación. Toda persona salvada por fe vivirá con Cristo para siempre.

¿Tú crees que hay un solo Dios? ¡Magnífico! También los demonios lo creen, y tiemblan (Santiago 2:19).

Cada persona debe recibir personalmente la gracia de Dios –el don del perdón del pecado– creyendo en la obra de Cristo en la cruz por ella.

Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte (Efesios 2:8-9).

Vivir el evangelio en mí

Debido a nuestra condición caída, debemos recordar continuamente a los demás, y recordarnos nosotros mismos, la verdad del evangelio de Jesucristo. Vivir el evangelio en mí significa que recordamos que, como creyentes:

  • Dios me ama (1 Juan 3:1)
  • Dios me acepta, tal como soy (Romanos 15:7)
  • Dios está obrando en mí para transformarme cada vez más a la imagen de Cristo (2 Corintios 3:18), no para hacerme aceptable para Él (porque ya estoy aceptado), sino para su gloria.
  • La evidencia de “vivir en la luz” es una disposición para ser abierto y sincero acerca de mi pecado (1 Juan 1:5-8)

Los creyentes que viven el evangelio en ellos mismos tipifican el fruto del Espíritu. Están llenos de paz y son eficaces como pacificadores. Los pacificadores ayudan a los demás recordándoles la verdad del evangelio.

Vivir el evangelio en los demás

Cuando los creyentes conocen la verdad del amor, la aceptación y la presencia continua de Dios en sus vidas, responden en dependencia de Dios, gratitud por su gracia y gozosa obediencia a sus mandatos. Los Coach en Conflictos y mediadores llamarán a los demás a confiar en Dios, a la gratitud y a la vida fiel.

No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí (Juan 14:1).

Estén siempre alegres, oren sin cesar den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús (1 Tesalonicenses 5:16-18).

Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos (Juan 14:15).


 

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